

BANDUNG, Indonesia -- Un deslizamiento de tierra catastrófico arrasó con la aldea de Pasir Langu en las laderas del Monte Burangrang, Java Occidental, dejando devastación a su paso. Entre las 80 personas desaparecidas se encuentran 19 miembros de la unidad élite de la marina de Indonesia, atrapados bajo una montaña de barro y escombros tras un deslizamiento implacable antes del amanecer del sábado. El deslizamiento, desencadenado por dos noches de lluvias torrenciales, no solo cobró vidas, sino que también se tragó el campamento de entrenamiento de los marines y alrededor de 34 casas cercanas. Los esfuerzos para rescatar a los atrapados han aumentado en escala, con el número de personal escalando de 500 a un impresionante total de 2,100. Estos equipos dedicados, armados solo con sus manos, bombas de agua, drones y excavadoras, enfrentan la ardua tarea de tamizar entre barro espeso y árboles desarraigados. La extensión de la destrucción se extiende a lo largo de 2 kilómetros (1.2 millas), con capas de barro que alcanzan profundidades de hasta 8 metros (26 pies) en algunos lugares, según Yudhi Bramantyo, el director de operaciones de la Agencia Nacional de Búsqueda y Rescate. Trágicamente, se han confirmado hasta ahora 17 muertes, con las identificaciones en proceso para seis de estas víctimas. Entre los perdidos se encuentran cuatro marines, según informó el jefe de personal de la marina, el almirante Muhammad Ali. Estos marines formaban parte de un escuadrón de 23 miembros que se preparaba para un despliegue importante en la frontera entre Indonesia y Papúa Nueva Guinea, subrayando las amplias implicaciones de la tragedia. Ali señaló los abrumadores desafíos logísticos que enfrentan las operaciones de rescate, mencionando las carreteras de acceso estrechas y la inestabilidad del terreno, que dificultan el uso de maquinaria pesada. A pesar de estos obstáculos, las misiones de búsqueda y rescate continúan mientras las familias y las autoridades se aferran a la esperanza de milagros improbables en medio del caos. El impacto del deslizamiento se extiende más allá de las víctimas humanas, con alrededor de 230 residentes locales evacuados a refugios temporales del gobierno, lejos de las peligrosas laderas. Este desastre sirve como un recordatorio sombrío de los riesgos inherentes durante la temporada de lluvias de Indonesia de octubre a abril, donde la combinación de terreno montañoso y llanuras aluviales fértiles aumenta la vulnerabilidad a tales eventos naturales catastróficos. A medida que continúan los esfuerzos, este evento desgarrador destaca la resiliencia y unidad de los equipos de búsqueda y rescate, mientras subraya la necesidad crítica de preparación para desastres en las regiones vulnerables del vasto archipiélago de Indonesia de más de 17,000 islas.