

En una decisión histórica, la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya ha declarado al expresidente filipino Rodrigo Duterte apto para ser juzgado, marcando un desarrollo significativo en el derecho internacional y la rendición de cuentas. Duterte, que ahora tiene 80 años, enfrenta graves cargos de crímenes contra la humanidad, acusado de haber orquestado una violenta campaña antidrogas que llevó a numerosos asesinatos durante su mandato como alcalde y presidente. Este fallo sigue a un período de intenso escrutinio, donde las preocupaciones sobre la salud de Duterte provocaron retrasos. El equipo legal de Duterte había argumentado que su salud estaba demasiado comprometida para ser juzgado, citando su edad y el deterioro de su condición dentro de las instalaciones de detención de la corte. Sin embargo, una evaluación exhaustiva por un panel distinguido, que incluye expertos en neurología geriátrica y psiquiatría, refutó estas afirmaciones. Estos especialistas realizaron extensas evaluaciones cognitivas y físicas, concluyendo finalmente que Duterte posee la capacidad para comprender y participar en los procedimientos legales. El proceso que llevó a esta decisión involucró pruebas cognitivas y evaluaciones médicas exhaustivas para garantizar que el exlíder pudiera ejercer efectivamente sus derechos. Este examen minucioso estableció un nuevo precedente sobre cómo se evalúan las reclamaciones de salud en juicios internacionales de alto perfil. Arrestado en marzo del mismo año, la fecha inicial del tribunal para Duterte estaba programada para septiembre. Sin embargo, el juicio se retrasó ya que los jueces buscaron claridad sobre su capacidad para participar de manera significativa en el proceso legal. Con esta luz verde de la CPI, el juicio ahora puede proceder, prometiendo evaluar las graves acusaciones vinculadas a la controvertida guerra contra las drogas de Duterte. La reacción internacional ha sido rápida, con organizaciones de derechos humanos y líderes mundiales monitoreando de cerca la situación, reconociendo las posibles implicaciones del juicio para la justicia global y la defensa de los derechos humanos. A medida que avanza este juicio histórico, el mundo observa cómo se puede hacer justicia, independientemente del poder y la prominencia.