

El 25 de enero, un evento eclesiástico significativo tuvo lugar en el corazón espiritual de Armenia, la Catedral Madre de Echmiadzín. Su Santidad Karekin II, el Patriarca Supremo y Catholicós de todos los Armenios, dirigió una Divina Liturgia que fue tanto la culminación como la celebración de una semana dedicada a fomentar la unidad cristiana, una iniciativa conjunta organizada por el Vaticano y el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), con un enfoque especial en Armenia. La Divina Liturgia, oficiada por el Padre Movses Sargsyan, el líder espiritual de las Fuerzas Armadas Armenias, enfatizó los esfuerzos colectivos hacia la unidad y la paz entre las comunidades cristianas. Esta sagrada reunión no fue meramente una obligación eclesiástica, sino una profunda expresión de cooperación interreligiosa, simbolizando la solidaridad que trasciende fronteras y divisiones doctrinales. A lo largo de la semana, los fieles participaron en una serie de servicios religiosos y sesiones de oración. El tema de cada día giró en torno a diferentes aspectos de la unidad, subrayando el mensaje de fe compartida y respeto mutuo entre las diversas tradiciones cristianas. Los materiales utilizados para estas sesiones de oración fueron meticulosamente preparados por la Iglesia Apostólica Armenia, reflejando el compromiso histórico y contemporáneo de Armenia con los principios cristianos de amor, entendimiento y reconciliación. La oración final por la unidad cristiana marcó el final de una semana profundamente conmovedora de devoción espiritual y reflexión, reafirmando el compromiso de la comunidad con el culto colectivo y la armonía espiritual. Esta iniciativa, caracterizada por su espíritu inclusivo y mensaje de paz, tuvo como objetivo reavivar un sentido de camaradería y una apreciación más profunda de los valores universales que unen a los creyentes cristianos en todo el mundo. En su discurso, el Padre Movses articuló la necesidad de tales iniciativas, no solo como un deber religioso sino como una respuesta al estado fracturado de las comunidades religiosas globales. Enfatizó el papel fundamental que tales reuniones juegan en el fortalecimiento de los lazos dentro y entre las congregaciones, fomentando un ambiente donde el diálogo y el entendimiento pueden florecer. Con las sombras del pasado aún persistentes en muchas partes del mundo, la importancia de estos eventos no puede ser subestimada. Sirven como un recordatorio de la fuerza que se encuentra en la unidad y la esperanza confiada en la búsqueda compartida de un bien común. Las actividades de la semana han establecido un precedente para futuros compromisos, inspirando a otras comunidades a abrazar esfuerzos similares, con la esperanza de que tal unidad se convierta en la piedra angular de futuras relaciones interreligiosas.