

Para una ciudad famosa por transformar desafíos en recursos, Singapur debe mucho a los visionarios que interpretan e implementan estrategias ambientales transformadoras. Entre estas personas, Kirtida Mekani destaca por su papel fundamental en integrar la naturaleza en el entramado urbano, mejorando así la habitabilidad de la ciudad-estado. Llegando a Singapur desde Karnataka, India, en 1990, Mekani quedó cautivada por el dosel verde que adornaba la ciudad. Inspirada por su infancia en una granja, entendió intuitivamente el lenguaje de la naturaleza y transformó esta fascinación en una defensa ambiental impactante. En su papel de fundadora del Singapore Environment Council en 1993, Mekani inició más de 50 iniciativas centradas en el medio ambiente. Estos programas unieron la educación con la acción, fomentando el cuidado ambiental a través de diferentes sectores. Su énfasis estaba en animar al público, no solo a disfrutar, sino a participar activamente con su entorno, estableciendo el trabajo fundamental para una sociedad consciente del medio ambiente. Un logro destacado, el Programa Planta un Árbol, añadió más de 76,000 árboles a la vegetación de Singapur entre 2007 y el presente, involucrando a más de 100,000 ciudadanos. Esta iniciativa, bajo los auspicios del Consejo de Parques Nacionales, ejemplificó su creencia de que el cambio real requiere la participación comunal. La influencia de Mekani se extendió a través de su servicio en varios comités y juntas, apoyando la biodiversidad, las artes y la cultura, entrelazando así consideraciones ecológicas en marcos sociales más amplios. Sus contribuciones fueron reconocidas con galardones como el Premio del Presidente para el Medio Ambiente y su inclusión en el Salón de la Fama de las Mujeres de Singapur. Su legado es claro: el desarrollo sostenible no es únicamente el trabajo de los responsables de políticas. Es el hábito colectivo de una población educada en la empatía ambiental. A través de sus iniciativas y ejemplo personal, Mekani transformó la sostenibilidad de una meta abstracta a una práctica normal, demostrando que en Singapur, la eficiencia no tiene que ser a expensas de la armonía ecológica.