

En un estudio reciente, científicos de Francia han descubierto posibles riesgos ambientales asociados con una clase popular de medicamentos antiparasitarios llamada isoxazolinas, comúnmente utilizada para tratar pulgas y garrapatas en mascotas. Este estudio arroja luz sobre un problema previamente pasado por alto: la presencia de estos medicamentos en las heces de las mascotas incluso más allá del período de tratamiento y su impacto potencial en la vida silvestre. Las isoxazolinas, introducidas por primera vez en el mercado en 2013, han ganado aceptación entre los dueños de mascotas y veterinarios por su efectividad y conveniencia. Ofreciendo protección por hasta un año en algunas formulaciones, estos medicamentos eliminan rápidamente los parásitos y a menudo se administran como simples tabletas orales o inyecciones. Sin embargo, la facilidad de administración y los efectos duraderos pueden tener un coste ecológico. Al llevar a cabo su investigación, los científicos reclutaron mascotas (20 gatos y perros de propietarios estudiantes de veterinaria) y los trataron con cuatro medicamentos populares de isoxazolina: fluralaner, (es)afoxolaner, lotilaner y sarolaner. Posteriormente, analizaron el excremento de los animales y descubrieron rastros de estos medicamentos que persistían en sus heces mucho después de que cesó la administración. Notablemente, fluralaner y lotilaner tenían vidas medias notablemente prolongadas, detectables mucho más allá del tiempo esperado de eliminación. Los investigadores ampliaron su investigación a las ramificaciones ambientales más amplias de estos hallazgos. Simularon escenarios para evaluar el riesgo potencial que estos medicamentos residuales podrían representar para los escarabajos estercoleros y otras especies cruciales para la salud del ecosistema. Las simulaciones indicaron un riesgo significativo de exposición, subrayando la necesidad urgente de una investigación exhaustiva sobre la contaminación ambiental derivada de estos medicamentos. Los hallazgos del estudio enfatizan la llamada a una mayor investigación sobre las consecuencias no intencionadas asociadas con el uso generalizado de parasiticidas veterinarios. Entidades como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) han expresado preocupaciones sobre el impacto ambiental acumulativo, especialmente con el aumento de las poblaciones de mascotas y el uso de medicamentos. Reconociendo las posibles ramificaciones, los investigadores proponen acciones dirigidas. Sugieren, por ejemplo, que en áreas donde los residuos se queman rutinariamente, los dueños de mascotas deberían desechar las heces de sus mascotas en la basura durante el transcurso del tratamiento. Esta medida sencilla podría mitigar algunos de los riesgos de exposición ambiental. Aunque el estudio no concluye definitivamente que estos medicamentos estén causando un daño ambiental generalizado, subraya la necesidad urgente de futuras investigaciones. El trabajo de los investigadores respalda los llamamientos científicos en curso para comprender mejor estos impactos, asegurando que nuestra búsqueda de salud para nuestras mascotas no ponga en peligro inadvertidamente los ecosistemas.